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lunes, 28 de noviembre de 2022

Salud mental en la actualidad.

 




La salud mental en la actualidad

"La salud mental no es la ausencia de desequilibrio sino la fortaleza para superarlo".
Isabel Menéndez Benavente

Hace tan solo algunos años hablar de la salud mental era un tema delicado y no muy recurrente, en donde si alguna persona recibía terapia no era “normal”, en donde ir al psicólogo era sinónimo de estar “loco”; actualmente las generaciones van avanzando, creciendo y cambiando esta clase de ideas.

Ya hay mayor conciencia sobre la importancia de cuidarla (sobretodo debido al impacto psicológico que ha tenido la pandemia de COVID-19), existe ya más gente que recurre a ayuda psicológica cuando la necesita, que respeta y entiende el impacto de las enfermedades mentales. Sin embargo, aún persiste una gran cantidad de personas que continúan considerando a la salud mental como un tema no tan trascendental, que aún no consideran a la psicología que puede ayudar a clarificar la razón de estados anímicos, que no comprenden la seriedad de las enfermedades mentales y qué, por lo tanto, no logran entender la importancia de cuidar de su salud mental propia y la de los demás. Es por ello que se deben tomar medidas en cualquier etapa de la vida, desde la niñez   hasta la vejez, ya que ésta misma afecta la forma en que pensamos, sentimos y actuamos cuando enfrentamos a la vida. También ayuda a determinar cómo manejamos padecimientos como el estrés, cómo nos relacionamos con los demás y tomamos decisiones.

En resumen, cuidar de ella es muy importante ya que repercute en cualquier ámbito de nuestras vidas, y de la misma forma, es importante también educar tanto a las nuevas como a las viejas generaciones en este tema tan significativo, para que de esta manera podamos construir una sociedad más respetuosa, inclusiva e inteligente. Pero para poder hacer un cambio en la sociedad, primero debemos hacer un cambio en nosotros mismos, por eso es muy importante reflexionar y analizar de vez en cuando como nosotros cuidamos de nuestra salud mental, ya que incluso a veces solemos olvidar su importancia o no pedimos ayuda cuando la necesitamos. Pongamos un ejemplo, si nos duele el estómago, intentamos diversas soluciones para hacer que nos deje de doler, pero si vemos que nos sigue doliendo, vamos directo con el doctor para saber qué es lo que tenemos y para que nos de los medicamentos y tratamientos necesarios para curarnos; sin embargo, cuando a veces nos sentimos mal con nosotros mismos, con nuestro cuerpo, cuando tenemos algún conflicto en nuestras relaciones con las demás personas o cuando extrañamos demasiado a alguien que perdimos y nos invade la nostalgia, solemos ignorar esta clase de sentimientos y decir algo como “ya pasará”; pero si esos sentimientos negativos se vuelven cada vez más intensos y repercuten en nuestra vida cotidiana y en nuestra salud física, solemos seguir ignorándolos en lugar de pedir ayuda hasta que sin darnos cuenta se vuelven un problema, y lo que mucha gente no ve, es que ignorar algún malestar grave, ya sea físico o mental puede acabar en un mismo lugar: la muerte.

Y TÚ, ¿CUIDAS TU SALUD MENTAL?...


Ana Paola Campos Zuñiga.

Alumna de tercero de preparatoria. 

 














lunes, 8 de noviembre de 2021

 


LA SALUD MENTAL EN LA ACTUALIDAD


Hace tan solo algunos años, hablar de la salud mental era un tema delicado y no muy recurrente, en donde si alguna persona recibía terapia no era “normal”, en donde ir al psicólogo era sinónimo de estar “loco”; actualmente las generaciones van avanzando, creciendo y cambiando esta clase de ideas. Hoy en día existe mayor conciencia sobre la importancia de la salud mental y de cuidar de ella, existe ya más gente que recurre a ayuda psicológica cuando la necesita, que respeta y entiende el impacto de las enfermedades mentales; de igual manera tenemos a la mano mucha más información y pláticas respecto al tema. 


Sin embargo, aún existe una gran cantidad de personas que continúan considerando la salud mental como un tema no serio, que aún no consideran a la psicología como una disciplina científica, que no respetan la seriedad de las enfermedades mentales, y que, por lo tanto, no logran entender la importancia de cuidar su salud mental y la de los demás. 


La salud mental es importante en todas las etapas de la vida, desde la niñez y la adolescencia hasta la adultez y la vejez, ya que esta misma afecta la forma en que pensamos, sentimos y actuamos cuando enfrentamos la vida. También ayuda a determinar cómo manejamos el estrés, nos relacionamos con los demás y tomamos decisiones. En resumen, cuidar de ella es muy importante porque repercute en cualquier ámbito de nuestras vidas, y de la misma forma, es importante también educar tanto a las nuevas como a las viejas generaciones en este tema tan significativo, para que de esta manera podamos construir una sociedad más respetuosa, inclusiva e inteligente. 


Pero para poder hacer un cambio en la sociedad, primero debemos hacer un cambio en nosotros mismos, por eso es muy importante reflexionar y analizar de vez en cuando como nosotros cuidamos de nuestra salud mental, ya que incluso a veces solemos olvidar su importancia o no pedimos ayuda cuando la necesitamos. Pongamos un ejemplo, si nos duele el estómago, intentamos diversas soluciones para hacer que nos deje de doler, pero si vemos que nos sigue doliendo, vamos directo con el doctor para saber que es lo que tenemos y para qué nos de la medicina y tratamientos necesarios para curarnos; sin embargo, cuando a veces nos sentimos mal con nosotros mismos, con nuestro cuerpo, cuando tenemos algún conflicto en nuestras relaciones con las demás personas o cuando extrañamos demasiado a alguien que perdimos y nos invade la nostalgia, solemos ignorar esta clase de sentimientos y decir algo como “ya pasará”; pero si esos sentimientos negativos se vuelven cada vez más intensos y repercuten en nuestra vida cotidiana y en nuestra salud física, solemos seguir ignorándolos en lugar de pedir ayuda hasta que sin darnos cuenta se vuelven un problema, y lo que mucha gente no ve, es que ignorar algún malestar grave, ya sea físico o mental puede acabar en un mismo lugar: la muerte; siguiendo con el ejemplo, si una persona ignora el dolor fuerte de estómago que tiene, podría resultar ser algo grave y si nunca atiende ese dolor, esa enfermedad podría extenderse y acabar con su vida; de igual manera, si una persona ignora que no se siente bien con ella misma por demasiado tiempo, podría convertirse en un problema de autoestima, y si sigue ignorando ese problema, esto podría llevarla a una depresión y ansiedad grave, hasta acabar con su vida. 


Por lo tanto, debemos entender que la salud mental es tan importante como la salud física, y que, de la misma manera, debemos cuidar de ambas. Debemos entender que ir a tomar terapia con un psicólogo es tan normal como ir a una consulta con un doctor, se trata de mantener un equilibrio sano entre nuestra mente y cuerpo; ya que, para estar en un estado de salud y bienestar total, debemos sentirnos saludables en todos los aspectos.


 

Ana Paola Campos Zúñiga

Alumna de 2º de preparatoria

 

 

lunes, 16 de marzo de 2020




La soledad

El hombre puede aceptar una semana de sed, dos semanas de hambre, muchos años sin techo, pero no se puede soportar la soledad.
 -Paulo Coelho-

          Todos nos hemos sentido solos alguna vez, y eso es algo que está bien, pues pasa a todas las personas. Actualmente la soledad, quienes muchos de forma incorrecta le llaman la enfermedad del siglo XXI, se le tiene estigmatizada como problema de primer mundo, esto es muy grave, sobre todo si consideramos datos como los recogidos por la BBC en 2018 en su estudio sobre consecuencias de la soledad y su relación con los jóvenes, donde entrevistaron grupos de varias culturas, y comprobaron que el 40% de los jóvenes entre los 16 y 24 años se sienten en soledad.

Que la soledad sea un problema actual quizás pueda resultar contraintuitivo, ¿Por qué habría más soledad hoy, si estamos en la época con mayor accesibilidad a medios de comunicación? La respuesta puede estar en las dinámicas de uso, a diferencia de las interacciones en persona que suelen ser más provistas de profundidad y significado, los medios de comunicación no logran transmitir la calidez e intimidad humana, y con la creciente constante de su uso en jóvenes de forma excesiva, es cuestión de tiempo para hacer sentir solo a cualquiera.

Ahora bien ¿qué es exactamente la soledad?, contrario a lo que se tendría como un primer pensamiento, la soledad no refiere a literalmente estar solo, puedes estar en una habitación rodeado de 50 personas y aun así sentir la mayor soledad, eso porque es en realidad un estado mental en el cual una persona siente tener menos contacto social, y relaciones de confianza de los que quisiera o necesita.

La soledad es algo real y ha estado con nosotros casi desde el inicio de la humanidad. Hace miles de años, solo podíamos sobrevivir al establecer lazos y relaciones, como familias y tribus que nos proveyeran de protección y ayuda mutua, esto se quedó guardado en nuestro material genético en forma de “dolor social” con la función de recordarnos renovar las conexiones sociales necesarias para la supervivencia. Pese a ello, la sociedad a lo largo de la historia se ha individualizado cada vez más. Desde la Edad Media con el absolutismo de los reyes; en la Edad Moderna con la expansión científica y artística que dio origen al humanismo; en la Edad Contemporánea la revolución industrial y el capitalismo económico fueron los ejes centrales de este periodo histórico. Y por su parte en la actualidad el consumismo e idealizaciones del individuo son de lo que más se ve.

Es importante mencionar cuan dañina resulta la soledad, pues mucha gente no se da cuenta que va más allá de estar solo y triste por un rato. Puede llegar a ser crónica, y acarrear problemas de salud mucho más graves de los que se podrían imaginar: Un estudio de Brigham Young University de 2010 encontró que la soledad acorta la esperanza de vida por 15 años, así como relaciones entre este estado emocional y una amplia variedad de problemas de salud como obesidad, diabetes, ataques al corazón, degeneración neuronal y hasta cáncer; además de subsecuentes padecimientos psicológicos como insomnio, depresión y abuso de sustancias.

Cuando una persona se encuentra en un estado así de vulnerable, es de esperar que cambie su comportamiento, el estudio “Evolutionary Mechanisms for Loneliness” sugiere que la soledad afecta al cuerpo estriado del cerebro, así como al sistema de recompensa. Esto provoca más susceptibilidad a la persona de sobre interpretar cualquier tipo de estímulos que se le presenten, y a su vez tender a verse más afectado por lo negativo, esto posteriormente induce a la persona a un modo de “autoprotección” por así llamarlo, un ciclo vicioso donde uno se siente solo y por ende rechaza a sus seres queridos para protegerse, hasta que estos dejan de acercarse, y eventualmente la soledad se vuelve peor.

Se puede llegar a la soledad por muchos motivos, y como ya ha sido mencionado, a todos les puede pasar. Normalmente se piensa que las personas con bajas habilidades sociales o los adultos mayores sufren de soledad, cuando no es así. A veces un simple mal momento y la falta de un ser querido a tu lado puede ser el detonante necesario para la soledad, o una carga emocional lo suficientemente pesada, pero hay una infinidad más de causas. Se ha probado incluso que la soledad puede ser contagiosa, y ahora se le empieza a considerar como una epidemia entre la población más joven.

Pero ¿qué se puede hacer?, lo primero es la aceptación, muchas veces tratamos de ignorar u ocultar estas sensaciones negativas, pero siempre hay que tener en cuenta que son perfectamente naturales. Tienes que hacer un trabajo de introspección y descubrir en que centras más tu atención, ¿sólo las cosas malas que te pasan e ignoras lo demás?

Analiza que es en concreto lo que te hace sentir mal, que está generando tu malestar, la causa primera. Trata de abordar tu situación y entenderla desde otra perspectiva, como si se tratase de una tercera persona. 

¿Ya no te abres a los demás acaso? tienes que hacer el intento al menos, cambiar ese comportamiento autodestructivo. Si aun así no sientes estar logrando nada, tienes que pedir ayuda, todos somos únicos en nuestra forma de ser y puede que sólo un poco de reflexión no te sea suficiente, así que pide ayuda, hacerlo no es un símbolo de debilidad, si no de coraje y al final es para tu propio bienestar.

Considero este tema muy importante de abordar porque hoy en día ya no se habla de la soledad con el estigma de antes, pero se ha llegado al extremo de considerarlo banal. Ahora que se ve la romantización de enfermedades y padecimientos mentales en los medios, si bien se ha logrado destruir el tabú, ahora se les resta la importancia que merecen, cosa inaceptable por su índole urgente de cambio. Por favor sigamos hablando.

Enrique Franco Lizama
Alumno de segundo año de preparatoria

lunes, 24 de febrero de 2020




El cordero del sendero verde


“Un pastor iba por los umbrales, despreocupado por el camino, era un cruce cotidiano para todos los campesinos que seguían esos andares. A la mitad del recorrido, entre los rebaños, se le aparecieron tres corderos tan blancos como las nubes. El más agraciado de ellos se dejó acariciar la cabeza, tocar las orejas, cepillar su lana, mostraba un apego inmediato a las personas que por ahí pasaban. ¿Quién habría de sentir desprecio por esa tierna criatura? Tenía un toque suave y amistoso, pero no tardó en prenderse de su pastor, impidiéndole moverse, jalando sus ropajes cuando debía seguir su curso. Hubiera podido usar la fuerza, pero un animal tan indefenso no podría haberlo hecho adrede, aunque iba desgarrando su vestimenta y retrasando su camino, el pastor se quedaba en el mismo lugar con dejes de asombro, acariciando al cordero tan blanco como una nube por fuera y ennegrecido por dentro, tal y como la depresión se muestra en nuestras vidas. “ 
                                                                                                                          — Belén Galaz. 


A lo largo de nuestra vida experimentamos emociones confusas, fuertes y arrolladoras. Las primeras veces, las pasamos por alto y continuamos, porque la salud mental no es tan fácil de tratar como un padecimiento del cuerpo, la mayor parte del tiempo, no sabemos que nuestro interior está enfermo y descuidado, hasta que nuestros pensamientos no se concentran en nada más y las actividades que la gente realiza con naturalidad, para nosotros se ven como misiones imposibles y agotadoras, aquellas que se llevan toda nuestra vitalidad. 

Este es un tema considerado un tabú, pues casi nadie se atreve a admitir que necesita ayuda profesional para superar sus emociones, para mantenerse firme y activo, eso es un reto de valientes, y esta generación, necesita muchos de ellos. Es además, en requisito indispensable en la lista de prioridades como lo es educarnos, tener un cálido abrazo de nuestros seres queridos y compartir con nuestros amigos, pues es este el momento en el que tenemos una cita con nuestro propia alma; una relación no menos importante que las demás. 

Pero no solo se puede hablar de pesares, es necesario ofrecer caminos, uno de ellos es la terapia. La terapia mejora nuestro entorno y amplia nuestra mente, nos da visiones de la realidad que no podríamos ver por nuestros propios ojos. En la edad adolescente las enfermedades del estado de ánimo tienen su auge, se mezcla entre nuestras dudas con respecto a la vida, al futuro y quiénes somos en realidad, nos lleva por un sendero tranquilo y lo más peligroso de él, es que se puede disfrazar con cualquier cara agradable, es por esto mismo que a nuestra izquierda, derecha o justo en el interior, podríamos encontrar a alguien vistiendo el filtro de cordero, sin siquiera ser consciente de ello. 

En este mundo tan incierto en el que vivimos, no podemos dar una respuesta definitiva a lo que necesitamos para sentirnos plenos, todos tenemos fórmulas diferentes, porque finalmente, somos un secreto del universo, pero ¿qué es lo que realmente se puede hacer para arreglar el mundo de nuestra cabeza? Hablar, hablarles, hablarnos. Esto no significa aturdir con preguntas a las personas que presentan algún problema anímico, se trata de abrir cuidadosamente una puerta al diálogo por la que el individuo pasará de quererlo, y está en nuestra naturaleza humana querer ser escuchados. 

No me confío solo del diálogo, pues, aunque exista un emisor, no siempre hay un receptor dispuesto, por lo tanto, aquí dejo algunas cosas que ayudan a sobrellevar el día, los atardeceres y las noches. 
  
* Practicar algún deporte que sea de agrado, que ocupe la mente sin representar una carga mayor. 
* Ponerse metas realistas y a corto plazo, de esta manera no tardarán en cumplirse ni serán motivo de decepción ante la espera. 
* Buscar ayuda, ya sea profesional (preferentemente) o de personas con emociones similares porque la empatía y la compresión nos dan la oportunidad de deshacernos de lo doloroso. 
* Escuchar música sin melodías depresivas o alguna pasión artística, esto no tiene la función de hacernos artistas, sino de darnos un modo de expresión más allá del habla. 

En mi experiencia, la depresión es un factor de riesgo astuto y puede presentarse a cualquier edad y con diferentes formas, pero no es invencible, una vez logramos verlo a los ojos, todas sus máscaras se caen y eso nos permite avanzar. No estamos solos, y somos fuertes. 

Para concluir con esta pequeña pieza de mis pensamientos, los invito a cuestionarse su salud emocional, a tener una dieta sana y activa con sus emociones tanto como con su cuerpo, y sobre todo a dar ayuda, no juzgar ni encasillar a la gente, porque nada sabemos de sus diversas situaciones. 
Yo tuve un cordero en mi vida, era fiel siguiéndome a todas partes, empezó pequeño y terminó gigantesco, detuvo mi paso tanto tiempo que no podía acordarme a donde iba antes de estar con él, pero como muchas personas, lucho para mantenerlo lejos, he cambiado de sendero.

 ¿Y tú, tienes algún cordero?


Artículo escrito por: Belén Galaz Basto
                                                                                   Alumna de segundo de preparatoria